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Municipio: Porcuna
Provincia: Jaén
Región: Andalucía
País: España
Latitud: 37º 52' 11'' Norte
Longitud: 4º 11' 14'' Oeste
Código postal: 23790
Extensión superficial: 176 Km2
Distancia a la capital de provincia: 42 Km
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Municipio al suroeste de la comarca de La Campiña y limítrofe con la provincia de Córdoba. La totalidad de su territorio es tierra labrada, siendo la mayor parte de olivar en campiña, lo que le confiere una clara dependencia de la agricultura, en concreto de este cultivor y de su industria transformadora.
El cultivo del trigo, de las leguminosas y del girasol ocupa las tierras dedicadas a cultivos herbáceos. Otras actividades relevantes son la carpintería, la industria del poliéster, la calderería y la cantería de la piedra natural. |
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Los orígenes de Porcuna se remontan a un grupo de aldeas del Neolítico Final localizadas en su entorno. En la Edad del Cobre (III milenio a C) la zona se convierte en un centro nuclear de la Campiña. Las investigaciones arqueológicas han descubierto en el cerro de los Alcores una de las fortificaciones más antiguas documentadas en el Alto Guadalquivir, con doble cerco amurallado rodeando cabañas circulares. Otro poblado similar se encuentra en el cerro de Albalate y ambos se mantuvieron durante la Edad del Bronce (II milenio a C.).
En los siglos VII y VI a.C. se formó la cultura ibérica en estas tierras y así, en el cerro de los Alcores aparece una nueva ordenación urbana, de trazado geométrico, con casas rectangulares de paredes de adobe que se alzan sobre zócalos de piedra, a veces estucados con barro. La zona mantuvo su condición de gran centro de la campiña y en esta época ibérica emergió una aristocracia con modelos políticos heroicos, al igual que otras regiones mediterráneas. Esta élite, para perpetuar su estirpe, representó sus hazañas y sus orígenes, legándonos de paso el maravilloso conjunto escultórico de los guerreros de Cerrillo Blanco, que ya son emblema de esta cultura. Estas esculturas estaban en un recinto sacro del cerro de los Alcores, pero poco después de su erección fueron enterradas en la necrópolis de Cerrillo Blanco.
La Obulco romana fue el origen de la actual Porcuna, confirmado por los hallazgos epigráficos y los textos de Plinio, Ptolomeo y Estrabón.. Durante la república y el primer Imperio, la ciudad tuvo gran importancia y disfrutó de cierta autonomía, ya que acuñaba su moneda. En la guerra civil entre Cesar y Pompeyo, Obulco tomó partido decidido por el primero y, según Estrabón, aquí fue donde Cesar preparó la decisiva batalla de Muda.
En época musulmana se llamo Balkuna y era una de las capitales de distrito (Inqlim).
Conquistada por Fernando III, el rey la cedió a la Orden de Calatrava, que la convirtió en uno de sus principales enclaves (Encomienda de Porcuna). La orden la dotó de fuertes defensas, de las que todavía subsisten algunas torres y tramos, albergando un Alcázar y una torre del homenaje de planta ochavada.
En 1242 Alfonso X la cambió a los calatravos por Cabra. Porcuna se hizo realenga y fue cedida al Concejo de Jaén como aldea. Volvió a la Orden de Calatrava en 1402 y en ella se mantuvo hasta el siglo XIX. De los cinco prioratos que la Orden tenía en Andalucía en el siglo XVI, dos estaban en Porcuna: San Benito y Santa María, lo que da idea de la importancia adquirida. En estas fechas había desaparecido la Encomienda de Porcuna pero se había establecido en esta villa la Encomienda de la Torre del Cañaveral. Otras instituciones calatravas eran la fortaleza-alcaldía de la villa y la Mesa Maestral, que poseía numerosos bienes.
Los orígenes de Porcuna se remontan a un grupo de aldeas del Neolítico Final localizadas en su entorno. En la Edad del Cobre (III milenio a C) la zona se convierte en un centro nuclear de la Campiña. Las investigaciones arqueológicas han descubierto en el cerro de los Alcores una de las fortificaciones más antiguas documentadas en el Alto Guadalquivir, con doble cerco amurallado rodeando cabañas circulares. Otro poblado similar se encuentra en el cerro de Albalate y ambos se mantuvieron durante la Edad del Bronce (II milenio a C.). En los siglos VII y VI a.C. se formó la cultura ibérica en estas tierras y así, en el cerro de los Alcores aparece una nueva ordenación urbana, de trazado geométrico, con casas rectangulares de paredes de adobe que se alzan sobre zócalos de piedra, a veces estucados con barro. La zona mantuvo su condición de gran centro de la campiña y en esta época ibérica emergió una aristocracia con modelos políticos heroicos, al igual que otras regiones mediterráneas. Esta élite, para perpetuar su estirpe, representó sus hazañas y sus orígenes, legándonos de paso el maravilloso conjunto escultórico de los guerreros de Cerrillo Blanco, que ya son emblema de esta cultura. Estas esculturas estaban en un recinto sacro del cerro de los Alcores, pero poco después de su erección fueron enterradas en la necrópolis de Cerrillo Blanco. La Obulco romana fue el origen de la actual Porcuna, confirmado por los hallazgos epigráficos y los textos de Plinio, Ptolomeo y Estrabón.. Durante la república y el primer Imperio, la ciudad tuvo gran importancia y disfrutó de cierta autonomía, ya que acuñaba su moneda. En la guerra civil entre Cesar y Pompeyo, Obulco tomó partido decidido por el primero y, según Estrabón, aquí fue donde Cesar preparó la decisiva batalla de Muda. En época musulmana se llamo Balkuna y era una de las capitales de distrito (Inqlim). Conquistada por Fernando III, el rey la cedió a la Orden de Calatrava, que la convirtió en uno de sus principales enclaves (Encomienda de Porcuna). La orden la dotó de fuertes defensas, de las que todavía subsisten algunas torres y tramos, albergando un Alcázar y una torre del homenaje de planta ochavada. En 1242 Alfonso X la cambió a los calatravos por Cabra. Porcuna se hizo realenga y fue cedida al Concejo de Jaén como aldea. Volvió a la Orden de Calatrava en 1402 y en ella se mantuvo hasta el siglo XIX. De los cinco prioratos que la Orden tenía en Andalucía en el siglo XVI, dos estaban en Porcuna: San Benito y Santa María, lo que da idea de la importancia adquirida. En estas fechas había desaparecido la Encomienda de Porcuna pero se había establecido en esta villa la Encomienda de la Torre del Cañaveral. Otras instituciones calatravas eran la fortaleza-alcaldía de la villa y la Mesa Maestral, que poseía numerosos bienes. |
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Porcuna en la Prehistoria y Edad Antigua
El origen de Porcuna se pierde en la más remota antigüedad. Los vestigios o restos más antiguos conocidos se remontan hasta unos 20.000 años, en el período del Paleolítico Superior conocido como Solutrense, en el yacimiento de La Peña de la Grieta situado en el lugar conocido como Sofuro. Desde este momento no ha cesado la ocupación humana en su territorio, destacando el poblamiento neolítico, y el de las edades del Cobre y Bronce de gran riqueza agrícola (cereal) y ganadera, y con grandes poblados rodeados de fuertes y potentes muros fortificados defensivos, entre lo que se hallan los yacimientos de los Alcores y de Albalate. En los Alcores también ha aparecido un campo de silos para almacenar los cereales.
Al llegar las influencias orientales (fenicios y griegos) y florecer el reino de Tartessos recibe las corrientes culturales de la Andalucía atlántica e inicia un gran desarrollo, culminando en época ibérica con la constitución de una poderosa ciudad-estado llamada IPOLCA. Estrabón y Plinio la sitúan entre las ciudades más notables de la Bética y como capital de los túrdulos.
En esta época, alrededor del siglo IV a.C., se construyó en ella un soberbio monumento escultórico, que constituye el mayor conjunto de escultura ibéricas existentes. En él los escultores, con gran influencia griega, representaron luchas de guerreros entre sí y con animales mitológicos, grupos de animales en lucha, escenas de caza, sacerdotes y sacerdotisas, figuras de animales, etc., con una gran maestría y perfección comparables a algunas obras maestras griegas. Todas ellas fueron halladas en el lugar del Cerrillo Blanco, muy mutiladas, pero cuidadosamente enterradas.
La ciudad tuvo acuñaciones monetales, en las que figura el nombre ibérico de Ipolca junto al latino de Obulco. Su actividad principal era la producción de cereales, abasteciendo a toda la campiña y muy probablemente a Roma, a través de la vía que comunicaba la ciudad con el Guadalquivir. |
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Durante la época romana, Obulco continuó siendo una notable ciudad, siendo cuartel general de Julio César, donde se preparó la campaña contra los hijos de Pompeyo. Estrabón nos relata como César viajó de Roma a Obulco en veintisiete días en el año 45 a.C. En reconocimiento a su lealtad, César le concede el título de Municipio Pontificiense y el de Obulco URVS VICTRIX NOBILIS, como atestiguan las numerosas inscripciones aparecidas en su suelo.
La edificaciones excavadas de la antigua Obulco y que hoy podemos observar en la zona de San Benito-La Peñuela presentan una planta aislada, sin contactos una con la otra y separadas entre sí por un estrecho pasillo. Entre ellas destaca la llamada "casa de las columnas", que tenía un patio rodeado de enormes columnas de un solo bloque de piedra y enormes capiteles. En el suelo de una de estas viviendas aún se puede observar un tipo de pavimento doméstico confeccionado con ladrillos de canto que se disponen en forma de espiga o espina. |
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| Los iberos: Príncipes de Occidente |
Los historiadores griegos y romanos designaron con el nombre de iberos a un conjunto de tribus que se extendían a orillas del Mediterráneo ente Agde, el Languedoc, y la Baja Andalucía. Este espacio fue escenario, desde finales de la Edad de Bronce, de un profundo cambio cultural.
Los descubrimientos de la arqueología, gracias al estudio de yacimientos y de fuentes históricas, permiten interpretar la eclosión del mundo ibérico como resultado de un largo proceso de enriquecimiento que dio lugar a formas de poder y de organización social jerarquizadas, así como el nacimiento de una aristocracia de príncipes que impulsó el fenómeno urbano, la escritura y el comercio y desarrolló formas artísticas de una gran originalidad.
La aparición de una cultura monumental ibérica, en el siglo V a.C., demuestra el grado de desarrollo que alcanzó este cultura desde sus inicios. La figura del héroe idealizado en combate con otros guerreros o con animales fantásticos, las damas o los dignatarios con sus joyas y armas, responden al deseo de ostentación y prestigio vinculado al ejercicio del poder. Los artistas ibéricos seleccionaron elementos orientales, griegos, púnicos o itálicos para crear su propia personalidad artística.
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Los historiadores griegos y romanos designaron con el nombre de iberos a un conjunto de tribus que se extendían a orillas del Mediterráneo ente Agde, el Languedoc, y la Baja Andalucía. Este espacio fue escenario, desde finales de la Edad de Bronce, de un profundo cambio cultural.
Los descubrimientos de la arqueología, gracias al estudio de yacimientos y de fuentes históricas, permiten interpretar la eclosión del mundo ibérico como resultado de un largo proceso de enriquecimiento que dio lugar a formas de poder y de organización social jerarquizadas, así como el nacimiento de una aristocracia de príncipes que impulsó el fenómeno urbano, la escritura y el comercio y desarrolló formas artísticas de una gran originalidad.
La aparición de una cultura monumental ibérica, en el siglo V a.C., demuestra el grado de desarrollo que alcanzó este cultura desde sus inicios. La figura del héroe idealizado en combate con otros guerreros o con animales fantásticos, las damas o los dignatarios con sus joyas y armas, responden al deseo de ostentación y prestigio vinculado al ejercicio del poder. Los artistas ibéricos seleccionaron elementos orientales, griegos, púnicos o itálicos para crear su propia personalidad artística.
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| El Arte Ibérico en la Provincia de Jaén |
La cultura ibérica, se localiza cronológicamente entre los siglos VI a.C. hasta el siglo I d.C., es decir, casi toda la edad del hierro del mediterráneo peninsular. Los iberos constituyen el primer ejemplo de grupo cultural sobre la península Ibérica, y del que se tiene suficiente información como para reconstruir sus formas de vida.
En nuestra provincia, se tiene constancia de la presencia de algunos pueblos iberos en el norte del río Guadalquivir, en torno a la ciudad de Cástulo (Linares), en la zona de la campiña de Porcuna, en el Cerro Alcalá (Jimena), etc. Todos estos pueblos, tan cercanos a nosotros, tenían una estructura social en la que las diferencias sociales estaban muy desarrolladas.
Hablando de ARTE IBÉRICO, podemos decir, que éstos pueblos iberos dedicaron gran parte de su arte y su cultura al mundo del más allá, y que fue en las artes figurativas donde desarrolla al máximo este sentido artístico que quedando patente sobre todo en las esculturas.
Utilizan piedra, bronce y madera. No acostumbraron los iberos a representar imágenes de divinidades, por más que la mayoría de sus grandes obras sean de temas religiosos, como los "EXVOTOS" de los santuarios o los animales de significado protector en los monumentos funerarios. El área de expansión de la escultura no es excesivamente amplia, a diferencia de la pintura sobre vasos de cerámica, que sí alcanzó mayor difusión.
Los santuarios de Despeñaperros y de Castellar de Santisteban son una fuente casi inagotable de pequeños exvotos de bronce.
Todo esta cultura y arte ibérica de nuestra provincia está impregnada de influencias asiáticas-orientales (Cástulo) y griegas (grupos escultóricos de Porcuna). La venida y establecimiento de colonos griegos procedentes de las costas anatólicas, hizo que se erigieran estelas rematadas por esfinges y esculturas de grifos. La cerámica, en principio decorada sólo a base de bandas y motivos geométricos, pasa a ostentar temas figurativos, que alcanzan su culminación en las representaciones esquemática de hombres, animales y vegetales.
Ejemplo de gran belleza de tu entorno más cercano lo puedes apreciar en el Museo Provincial de Jaén, donde podrás contemplar piezas de la cultura ibérica como el Toro de Porcuna, el León de Huelma, la Caja funeraria de Villargordo, figuras masculinas del Collado de los Jardines de Santa Elena, Vasos de Toya de Peal de Becerro, etc.
Resumiendo, la importancia de la cultura ibérica es abundante y rica en la provincia de Jaén y sus producciones artísticas se dividen en dos grandes grupos:
a) El gran grupo de estatuas del Cerrillo Blanco de Porcuna.
b) Y el grupo de pequeñas estatuas o figurillas representadas por los Exvotos de los santuarios de Castellar de Santisteban y Despeñaperros. |
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| EL CONJUNTO ESCULTÓRICO DEL CERRILLO BLANCO |
El Cerrillo Blanco es una pequeña elevación aproximadamente circular situada más o menos a 3 km. al norte de nuestro actual pueblo. Su nombre se debe a una de sus peculiaridades: el tono claro del terreno, que lo distingue de los cerros colindantes, además de tratarse de la cota más alta de la zona.
El acceso al yacimiento es relativamente fácil; en la carretera Jaén-Córdoba (N-324), comienza una carretera local en dirección a Arjonilla. Entrando por esta carretera local, hay que parar el vehículo a la altura de la Huerta del Comendador (3 km. desde la salida de Porcuna), a la izquierda se sigue una vereda para llegar a la cota más alta de estos cerros, que es precisamente el emplazamiento del Cerrillo Blanco.
El yacimiento se sitúa en la campiña de Jaén, casi en el límite con la de Córdoba, dentro de un paisaje de gran originalidad a base de lomas y depresiones alargadas.
Equidistante de Sierra Morena (al Norte) y las serranía subbéticas (al sur y este). Tiene, por tanto, una situación estratégica en las comunicaciones de Andalucía con otras regiones de la Península, dominando desde su colina las llanuras y depresiones colindantes. A su situación estratégica se une la fertilidad de los campos, con un clima típicamente mediterráneo, de un régimen de lluvias (primavera, otoño) y unas temperaturas con oscilaciones térmicas moderadas muy aptos para el cultivo de cereales, ya que las condiciones del suelo son también apropiadas.
Al igual que en muchos otros casos, este yacimiento se descubre de forma casual y de manera pintoresca. Por los primeros años de la década de los setenta, unos campesinos, dueños del olivar del yacimiento, encuentran una cabeza de caballo y la dejan en el tronco de un olivo, no dándole mayor importancia y procurando que no se entere nadie por miedo de que les "desgracien" el olivar.
Posteriormente, en el año 1.975, y a consecuencia de los trabajos propios en el olivar, van apareciendo otras esculturas, que venden a un gitano llamado don Virgilio Romero Moreno. Las esculturas compradas por don Virgilio son trasladadas a Bujalance (Córdoba), y éste y su cuñado, don Sebastián Muñoz Cortés, que suelen consultar, a veces, con los museos de Córdoba y Jaén sobre las piezas de estas provincias que pasan por sus manos, las ofrecen en venta al director del Museo de Jaén, el día 19 de junio, que las acepta, en principio, si tienen calidad. Al día siguiente le son mostradas ocho piezas magníficas, comunicándole que poseen otras seis más.
Después de un trato de urgencia y tras examinar las piezas que se encontraban en Bujalance (lucha del Grifo y el atleta, figura fálica, etc.), se consigue ultimar el "trato" con la promesa de convencer al dueño del olivar, para que conceda un permiso de excavación en su finca, mediante una indemnización razonable, quedando ese mismo día todas las piezas aparecidas hasta el momento en el Museo Provincial de Jaén.
Al día siguiente (21 de junio), el director de Museo de Jaén consiguió permiso particular del dueño del terreno, don Benito Cespedosa Santiago, y solicitó inmediatamente, ante el peligro que corría el yacimiento de ser expoliado, permiso oficial de excavaciones urgentes de la Comisaría del Patrimonio Artístico que le fue concedido de inmediato.
Ese mismo día recogió un camión de fragmentos de escultura que se encontraba entre los olivos y organizó lo necesario para el comienzo de la excavación al día siguiente. A partir de aquí se suceden cinco campañas arqueológicas (1.975, 76, 77, 78 y 79).
Se trata de un conjunto de tal envergadura que por sí solo abre un capítulo nuevo en la Historia del Arte Ibérico. Se pueden fechar hacia la segunda mitad del siglo V a.C. Son un grupo de más de 40 estatuas, quizás 50 ó 60, y cientos de fragmentos, con novedosas aportaciones. Parece ser que habían sido enterrados allí, tapándose la fosa con grandes losas de piedra. El estado de conservación de las piezas era muy bueno aunque mutiladas de tal manera que su reconstrucción ha sido y sigue siendo un trabajo muy difícil.
Del conjunto de fragmentos y figuras parece diferenciarse un grupo de guerreros frente a otro grupo de figuras más heterogéneas. Dentro de los guerreros se distinguen ocho estatuas mayores de bulto redondo que serían: guerrero de la armadura doble, guerrero inacabado con casco, guerrero de la espada larga, jinete desmontado y caballo junto a guerrero atravesado por una lanza, guerrero caído con ave, guerrero con caetra colgada al hombro y guerrero asido por la muñeca.
A pesar de que estas figuras se han emparentado temática y estilísticamente con el mundo griego, la vestimenta y panoplia que presentan tiene claros paralelos con el mundo hispánico (iberos y celtas).
Los grupos escultóricos de los guerreros representan, casi todos, escenas relacionadas con luchas. Encontramos a los hombre luchando con hombres, algunos malheridos; animales luchando con animales; hombres luchando con animales comunes o con grifos y otros animales mitológicos. El escultor de Cerrillo Blanco ha intentado siempre darle movimiento y vida a la figura representada, consiguiendo siempre una grandiosa armonía. Por tanto, estos grupos escultóricos tienen un estudiado y perfectamente ejecutado movimiento, incluso en la figuras que parecen que no lo tienen.
La representación de esta lucha o batalla es interpretada por Negueruela de diversas maneras: que sea, bien la representación de una batalla real contra un pueblo próximo, bien un certamen o batalla mítica, o bien un combate ritual.
El otro conjunto de esculturas se puede subdividir en:
- Figuras humanas vestidas en bulto redondo: varón con manípulo, dama con niño, diosa de la serpiente, dama sedente y personaje con dos cápridos.
- Figuras humanas desnudas en bulto redondo: torso fálico, desnudo infantil y hombro con trenzas.
- Figuras en relieve: pugilistas, cazador de liebre con mastín, fragmento de pierna y pie con bota.
- Otros: cazador con perdices, cabeza con tocado, humano luchando con un grifo, animales aislados (toros, novillos, ...), etc.

La piedra utilizada en la talla de las esculturas es la propia de las canteras de Santiago de Calatrava (al sur de Porcuna), que se caracteriza por ser una arenisca blanca, de grano muy fino y fácil de labrar, conocida en la región con el nombre de "piedra de Santiago". Esta piedra, húmeda, se trabaja con suma facilidad y conteniendo mucha agua se fractura. Sin embargo, muy seca es dura, aunque se raya fácilmente. La piedra, una vez trabajada, fue lijada y pulida con suma finura, consiguiendo calidades increíbles.
El maestro de Cerrillo Blanco podría ser un escultor griego y si fue un ibero, sin duda, había trabajado con un buen maestro griego, ya que la concepción, el modelado y cada uno de los detalles señalan la mano de un gran Maestro. Por otro la lado, el estilo y la técnica del escultor no se parece en nada a la de los autores del resto de las esculturas ibéricas en piedra aparecidas hasta ahora en España. En opinión de los entendidos, el autor de estas figuras ha usado toda clase de instrumentos y herramientas, aun los más sofisticados, y ha resuelto con mano maestra todos los problemas que encontró para conseguir una siempre elegante simplicidad.
Observando detenidamente el conjunto de esculturas se aprecia que las formas de todos los elementos humanos tienen rasgos femeninos y solamente se califican a los guerreros como tales por las armas que llevan. También se observa que todas las figuras están sobre pedestal, perfectamente labradas sobre la base que se apoyan las mismas.
En cuanto a la interpretación del conjunto se ha venido hablando de un heroon o munumento funerario, aunque Negueruela propone tres interpretaciones: una de carácter funerario, otra que fuese un santuario, y finalmente una carácter civil.
En cuanto a la destrucción de las esculturas (según Pilar Leal) resulta difícil aventurar una solución a este problema, sin embargo, temiendo en cuenta que la escultura, en un mundo mítico como sería éste, juega un papel más allá de su carácter material, parece arriesgado plantear como hipótesis la existencia de revueltas internas. En un mundo primitivo no se atentaría contra las representaciones de la divinidad desde dentro de la comunidad. Otra cosa sería la irrupción de grupos extranjeros, para los cuales el marco de referencia mítico sería diferente y por tanto pudiera atentar contra el conjunto escultórico. Sin embargo, queda por conocer quiénes serían los autores materiales de la destrucción.
Este magnífico, inédito y original hallazgo es de una calidad tal que hace volver los ojos a los viejos hallazgos de Elche y el Cerro de los Santos. Se trata de un arte ibérico que toma, readapta, refunde, crea, aporta, inventa, fusiona, ... buscando dar salida a las exigencias espirituales y materiales de una sociedad con una fuerte jerarquización social, muy elaborada y con procesos de pensamiento ideológico a nivel de desarrollo similar al de las grandes culturas antiguas. El conjunto de esculturas del Cerrillo Blanco nos sugiere, entre otras cosas, la riqueza económica y la altura cultural de aquellas comunidades de los comienzos del iberismo, que son capaces de asimilar las ideas mitológicas del Mediterráneo culto y vestirlas con sus propios ropajes. |
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| Necrópolis de inhumación |
A parte de las esculturas extraídas en el Cerrillo Blanco, en la campaña arqueológica del 1978, salió a la luz una necrópolis de inhumación, fechada entre el siglo VII y principios del siglo VI a. de C. La necrópolis consta de un total de 29 sepulturas en fosas individuales y una megalítica, cubiertas por agrupaciones de piedras de variado tamaño. Destaca la megalítica como enterramiento principal, formado por una cámara circular y suelo empedrado con losas de menor tamaño que las que revisten las paredes. La cubierta es sostenida por una pilastra en el centro de la sepultura. Dentro de la tumba aparecieron restos de dos individuos tendidos sobre el costado izquierdo. Ni en esta tumba ni en las otras 29 han aparecido ajuares propiamente dichos, aunque asociados a los restos humanos aparecen distintos objetos (broches de cinturón, fíbula, cuchillo de hierro, peine de marfil decorado, cuentas de collar, pinzas de depilar).
La necrópolis está, por tanto, claramente emparentada con el mundo tartésico, existiendo grandes semejanzas con la necrópolis de los Alcores (Sevilla). |
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| Bibiografía |
- Apuntes y artículos diversos del Cronista Oficial de Porcuna D. Antonio Recuerda.
- "Los iberos", tríptico editado por la Fundación "la Caixa"
- "Los monumentos escultóricos ibéricos del Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén)" de Iván Negueruela Martínez. Editado por el Ministerio de Cultura. 1990.
- "Esculturas ibéricas de Cerrillo Blanco. Porcuna (Jaén)" de Juan Agustín González Navarrete. Editado por la Diputación Provincial de Jaén. 1987.
- "La necrópolis de época tartésica del Cerrillo Blanco (Porcuna - Jaén)" de Juan Félix Torrecillas González. Editado por la Diputación Provincial de Jaén. 1985.
- Hojas didácticas: "Esculturas Ibéricas de ls comarca de Andújar en el Museo Provincial de Jaén". Autores varios. Editado por el C.E.P. de Andújar (Consejería de Educación y Ciencia). 1995.
- "Obulco" de Pilar Leal Linares, editado por Gráficas Sol, en Écija 1995. |
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Las tierras de Porcuna, de lomas suaves y pendientes moderadas, están dedicadas en su mayor parte a la agricultura, siendo el cultivo del olivar el que mayor superficie ocupa seguido por los cereales. La superficie forestal es inexistente y solo es posible observar pequeñas manchas de matorral mediterráneo asociadas a los padrones, zonas rocosas de difícil cultivo y márgenes de los arroyos.
En el término municipal de Porcuna podemos destacar principalmente tres ecosistemas: el olivar, los arroyos con su vegetación de ribera y los padrones o linderos, vestigios del matorral mediterráneo. |
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El olivar es el agrosistema dominante y casi único. Se extiende por toda la geografía física del término, apareciendo ejemplares de todas las edades: desde estacas de uno a cinco años, hasta olivares de más de cien años, aunque el que predomina es el de cuarenta a setenta años.
La oliva cultivada es la Olea europaea (variedad picual) que cubre casi todo el territorio, aunque debajo de éstas aparecen extensos herbazales de carácter nitrófilo, con abundantes asociaciones vegetales, destacando plantas como el Jaramago (Diplotaxis siifolia), la Amapola (Pavaver rhoeas), el Nazareno (Muscari comosum), la Caléndula (Calendula arvensis), la Malva, la Albejana y la Correhuela (Convolvulus althaeoides). |
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Entre la gran extensión de olivar discurren por nuestro municipio arroyos caracterizados por su salininidad, los cuales poseen una vegetación de ribera cuyo estado de conservación, en la mayoría de los casos, no es bueno. En esta vegetación ribereña podemos destacar especies como el Olmo (Ulmus minor), el Álamo blanco (Populus alba), el Taray (Tamarix sp.), la Caña (Arundo donax), el Carrizo (Phragmites australis), la Zarzamora (Rubus ulmifolius), el Junco y la Mimbrera (Salix purpurea).
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En algunas zonas, entre los olivares, aparecen manchas de matorral mediterráneo. En los denominados padrones o linderos que separan fincas, o bien en las cunetas y en los cerros rocosos que afloran. Destacan aquí especies como la Encina (Quercus ilex ballota), la Coscoja (Quercus coccifera), el Aladierno (Rhamnus alaternus), la Jara blanca (Cistus albidus), el Hinojo (Foeniculum vulgare), el Tomillo (Thymus zygis), la Esparraguera (Asparagus acutifolius L.), la Alcaparra (Capparis spinosa), las Chumberas (Opuntia ficus-indica), el Lentisco (Pistacia lentiscus) y el Zumaque (Rhus Coriaria L.).
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EL HINOJO (Foeniculum vulgare)
El Hinojo es una planta herbácea y perenne, muy extendida por toda la provincia. Posee unos tallos largos de hasta 2,5 metros, y su floración dura desde mayo hasta septiembre, con unas inflorescencias en forma de umbela muy características.
Aparece asociada a bordes de caminos, carreteras, cultivos, linderos y pastizales subnitrófilos. Su distribución general se encuentra repartida desde el oeste y centro de Europa hasta la región mediterránea y el suroeste de África.
El Hinojo es popularmente conocido por su uso como condimento en la cocina mediterránea, especialmente en la provincia de Jaén para el aliño de las aceitunas. |
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La disponibilidad de hábitats variados para la fauna animal está muy restringida; la vegetación natural es prácticamente inexistente y esta alteración limita en gran medida la presencia de especies que requieren cierto grado de cobertura vegetal o necesitan la presencia de comunidades vegetales poco alteradas.
A pesar de encontrarnos en un medio muy artificial, los olivares sustentan sus propias comunidades. Al ser el olivar el principal ecosistema del término municipal de Porcuna es, por tanto, el que determina la mayor parte de su fauna. El olivo cumple un importante papel ecológico, en sus viejos troncos encuentran refugio numerosas aves, mamíferos y reptiles, y sus frutos son además un alimento de gran valor energético.
En el olivar puro son pocas las especies que aparecen en forma continuada, ya que más bien es utilizado como zona de alimentación o de paso por algunas especies, por estar falto en diversidad de ambiente y cobertura. En él podemos observar especies como el Verdecillo (Serinus serinus), el Verderón (Carduelis chloris) y, en invierno, la Curruca capirotada (Sylvia atricapilla), el Petirrojo (Erithacus rubecula) y el Zorzal común (Turdus philomelos).
En cambio, la biodiversidad del olivar aumenta mucho cuando, junto a éste, aparecen arroyos con bosques riparios y padrones o linderos de matorral mediterráneo, donde puede desarrollarse cierta vegetación espesa, constituida por carrizos, adelfas y tarajes. En este caso el número de especies, tanto nidificantes como invernantes, se incrementa al aumentar la diversidad de hábitats y la cobertura. Así tenemos al Gorrión común (Passer domesticus), el Pinzón común (Fringillia coelebs), el Jilguero o Colorín (Carduelis carduelis), el Chamarín, el Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos), la Vegeta o Cogujada común (Galerida cristata), la Firfita o Lavandera blanca común (Motacilla alba alba), el Carbonero común, el Herrerillo, el Cuco, Abejarruco, Alcaudón común (Lanius senator), el Agateador común (Certhia brachydactyla), el Vencejo común y el real, la Golondrina, el Avión común, la Tórtola común (Stretopelia turtur), la Perdiz roja (Alectoris rufa), la Codorniz, la Abutarda, la Paloma zurita (Columba oenas), el Águila perdicera, el Milano real, la Lechuza común (Tyto alba), el Mochuelo (Athene noctua), el Búho Real (Bubo bubo), la Autilla, Cernícalo Primilla (Falco naumanni), el Ratonero, el Gavilán, el Sisón (Otix tetrax), la Abubilla (Upupa epops), el Alcaraván (Burhinus oedicnemus), Graja (Corvus frugilegus), Grajilla (Corvus monedula), Corneja negra (Corvus corone corone), Estornino negro (Sturnus unicolor), el Camachuelo, el Cuervo y así una larga lista de especies de aves, a las que se añaden algunos anfibios que pueden refugiarse buscando humedad como el Sapo común (Bufo bufo), Sapo verde, Rana verde, Tritón vulgar, Salamandra. Reptiles como la Culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), la Culebra de herradura (Coluber hippocrepis), Culebra de escalera, Culebra de agua, Salamaquesa, Lagarto común, Lagarto ágil, Lagarto verde, Lagartija común, Galápago común; y mamíferos como el Conejo (Oryctolagus cuniculus), la Liebre (Lepus sp.), el Erizo (Erinaceus europaeus), el Zorro (Vulpes vulpes), el Tejón, el Murciélago común, el Topo, el Topillo rojo, el Topillo común, el Lirón careto común, el Lirón gris, el Hurón, la Jineta, el Meloncillo, la Rata gris, la Rata negra, el Ratón gris y el Ratón de campo (Apodemus sylvaticus).
Los peces han desaparecido debido a la contaminación de las aguas de los arroyos, especialmente del arroyo Salado que es el más caudaloso |
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ZORZAL COMÚN (Turdus philomelos)
Pertenecientes al orden de los Passeriformes, familia de los Turdidae, los Zorzales comunes son pájaros de tamaño mediano (longitud: 23 cm.; peso: 50 a 98 gr.; envergadura: 34 a 36 cm.) con pico bastante delgado y alas y cola largas, con bastantes manchas en el pecho. Se distingue de todos los demás zorzales por ser de color pardo uniforme por encima y moteado por debajo y tener la parte inferior de las alas ocrácea. Solitario menos en la migración. Construyen nidos abiertos y de forma de taza en árboles y arbustos. La nidada es de 3 a 6 huevos. El reclamo es un "siip" fino y corto. El canto es aflautado y variado; tiende a repetir fragmentos cortos.
El Zorzal común es una de las aves más características de los olivares en invierno. Este ave migradora nidifica en Europa desde la Cordillera Cantábrica y los Pirineos hasta Rusia y Escandinavia, descendiendo en otoño hasta la cuenca mediterránea y norte de África para pasar los rigores invernales.
En nuestras tierras se alimenta principalmente de frutos de invierno como la acebuchina, el majuelo, la aceituna, etc. (pero casi siempre la que está caída en el suelo, prefiriendo la fruta muy madura o comenzando a pudrir), así como algunos insectos, hormigas, arañas, ciempiés, cochinillas de la humedad, gusanos, lombrices de tierra, babosillas y caracoles.
Al ser sustituidos los bosques originales por el olivar, se ha adaptado a las grandes extensiones de este cultivo, donde se alimenta de aceituna, con una incidencia despreciable en la cosecha, escogiendo las de tamaño, similar o menor a la acebuchina.
El Zorzal común sólo utiliza el olivar para alimentarse, por lo que debe realizar desplazamientos diarios desde sus zonas de descanso, en el matorral mediterráneo y riberas principalmente, hacia los olivares. Su caza es muy intensa en la provincia, por lo que necesita de una eficaz regulación, ya que sus poblaciones no se encuentran en muy buen estado. |
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