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La 3ª edad en la encrucijada. |
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“La tercera edad en la encrucijada: Defensa y recuperación de la memoria histórica ante el reto de las nuevas tecnologías”.
En los albores de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, las personas que en la actualidad integramos lo que, en términos sociológicos, se conoce como “la Tercera Edad”, somos testigos directos de un transformación radical de nuestro entorno. Efectivamente, a lo largo del siglo XX, el que para lo bueno y para lo malo es nuestro siglo, las transformaciones sufridas, en casi todos los campos de la vida y la actividad humana, pueden calificarse de espectaculares.Desde un punto de vista cualitativo, puede afirmarse que a lo largo de nuestras vidas hemos atravesado una puerta que separa dos mundos irreconciliables: el de la antigüedad y la modernidad. Antigüedad caracterizada por el fortísimo peso de la tradición, el escaso desarrollo de los medios de comunicación y la economía a escala local, frente a modernidad, basada en el desarrollo de la informática, los medios de comunicación y la globalización de la economía. Este cambio tan radical nos exige un constante esfuerzo de adaptación y de actualización, tarea absolutamente estéril si tratamos de realizarla de forma individual y sin contar con apoyo exterior lo que, a su vez, implica la disposición de, cada vez más, recursos humanos y materiales que posibiliten y favorezcan este proceso con un mínimo de garantías de éxito.
Desde el punto de vista demográfico, la sociedad española ha experimentado un vuelco radical en cuanto a la estructura de su pirámide poblacional. Después de Japón, España es el país del mundo que, con un 34% del total, cuenta con mayor porcentaje de personas mayores de 65 años. Este dato resulta sumamente elocuente pues, como ponía de relieve la profesora Doña Mª. Ángeles Durán, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en una ponencia pronunciada durante la celebración del V Encuentro Estatal de Ciudades Educadoras, celebrado en nuestra ciudad en noviembre de 2001, en España ya no hay pirámide de población, entendida ésta en el sentido geométrico de la expresión, es decir mayor número de niños y jóvenes que de personas mayores. Debido al descenso de la natalidad, nuestra demografía ya no nos permite hablar de pirámides sino de torres de población, es decir, se están igualando las cifras de personas mayores con las de niños y jóvenes. En consecuencia, nuestro sistema político, económico y social está abocado a diseñar sus estrategias de actuación pensando en las personas mayores. Según datos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, desde hoy hasta el año 2050, la población europea mayor de 89 años va a aumentar un 297%, es decir se va a triplicar, por lo que, a efectos presupuestarios y teniendo en cuenta que aparecerán nuevas demandas, habrá que, como mínimo, triplicar el presupuesto a dedicar para atender a estas personas.
Por otra parte, hasta el momento presente, todos los servicios que presta la sociedad están basados en la idea del pasado de que la mitad de la población está en casa
dispuesta para servir a la otra mitad. Este hecho queda patentizado de forma elocuente con nuestro sistema de atención a enfermos. En estos momentos, puntualiza la profesora Durán, las encuestas de uso del tiempo indican que el sistema de prestación de cuidados para la salud, en España, se reparte aproximadamente de la siguiente forma: Por cada 12 horas que ponen los sanitarios hacen falta 88 horas más que ponen los no sanitarios. Así, por ejemplo, en el caso de una persona que padezca Alzheimer, el sistema sanitario la atiende el 0,05% del tiempo, mientras que el 99,95 % restante corre a cargo de la sociedad y más concretamente de la familia.
Por si todo esto fuera poco, en la actualidad puede constatarse la división de la Tercera Edad en dos subgrupos: un primer contingente, integrado por personas con edades comprendidas entre los 65 y los 75 años, conocidos como “los viejos jóvenes”. Son personas que, por lo general, gozan de buena salud, lo que les facilita la realización de muchas actividades -este subgrupo constituye la gran cantera del trabajo del voluntariado-, disponen de pensiones que les permiten sobrevivir dignamente y es el momento óptimo para muchísima gente. Sin embargo, a partir de los 75 años todos los indicadores de validez caen en picado, con lo que las necesidades aumentan sensiblemente. Mientras tanto, nuestro sistema sanitario y de prestación de servicios sigue diseñándose y construyéndose pensando en que alguien habrá que se haga cargo de estas personas mayores.
Como consecuencia de lo expuesto, a todas luces se hace necesario un cambio radical cambio en la percepción que se tiene de las personas mayores, tanto a nivel individual como colectivo. Mayor edad no es sinónimo de minusvalía, inutilidad o pasividad; por el contrario, es sinónimo de experiencia, de serenidad y de sabiduría, por lo que no tiene sentido el que, de hecho, se nos retire de la vida social, cultural, económica o política por el simple hecho de ser mayores, y mucho menos, podemos seguir consintiendo la imposición de políticas específicas sin contar con nosotros, los destinatarios. Es preciso dar un giro de 180º para conseguir que las personas mayores recuperemos el protagonismo que se nos ha arrebatado. En culturas presuntamente más atrasadas que la nuestra, pero pertenecientes a nuestro mismo ámbito Mediterráneo, los mayores ocupan un lugar de preeminencia dentro de la escala social. Al mayor se le escucha, se le respeta y considera, en el convencimiento de que la ancianidad no es un lastre, sino una etapa más de la vida.
Desde el pleno convencimiento en nuestras posibilidades de seguir siendo útiles a la sociedad es preciso, por nuestra parte, que realicemos cuantos esfuerzos sean precisos para que, cuanto antes, podamos adaptarnos al medio que nos rodea, es decir, tenemos que integrarnos cuanto antes en la sociedad de la informática. Tenemos la obligación de abandonar el analfabetismo funcional en el que muchos de nosotros estamos sumidos debido a nuestra falta de preparación para enfrentarnos a las nuevas tecnologías, a las que no hay que temer de ningún modo.
Salvador Alba Gaitán. Presidente De la Asociación de Pensionistas SENADA